martes, 4 de marzo de 2008

h. Determinen el impacto ambiental de los empaques y embalajes utilizados en el proceso de distribución.


PERSPECTIVA AMBIENTAL DE LOS ENVASES Y EMBALAJES PARA EL COMERCIO AL DETALLE

Los envases son esenciales para la economía moderna, aunque también pueden ser vistos como una etiqueta de estilos de vida desahogada. El volumen y la variedad de envases que se consiguen hoy en día ha proliferado en los últimos 10años, como resultado de demandas y de cambios en hábitos de compra de los consumidores. La apertura comercial por la que está atravesando el mundo, con la consecuente disponibilidad cada día mayor de productos de cualquier parte del planeta, está traduciéndose en la presencia de todo tipo de envases nuevos en los anaqueles de los supermercados; aunque, obviamente, no todos ellos llenan los requisitos de ser "amigables" hacia el medio ambiente.

Los supermercados y tiendas de autoservicio controlan más del 70% del mercado de alimentos en los países industrializados. Esto conduce a mayor necesidad de productos empacados que satisfagan las tendencias de los consumidores de efectuar compras diarias, semanales, quincenales y aún mensuales. El creciente número de hogares con sólo una o dos personas, favorece el envasado en porciones pequeñas o de forma que los alimentos se conserven frescos por períodos más largos. Poco a poco se incrementa el uso de congeladores y hornos de microondas en los hogares de los países en desarrollo, lo cual se traduce en el requerimiento de más envases especializados. Las preocupaciones sobre la salud, los productos naturales y dietéticos, la higiene e inviolabilidad de los productos, han añadido también la necesidad de formas especializadas de envases. Así pues, cada día es mayor la variedad y la cantidad de envases que facilitan la vida de los consumidores, pero que la complican para las autoridades encargadas de la protección del medio ambiente.

Al mismo tiempo, los consumidores están siendo cada día más conscientes y más críticos de los materiales usados para empacar alimentos y otros bienes de consumo. En encuestas recientes efectuadas en diversas partes del mundo, se encontró que un elevado porcentaje de los entrevistados estaba dispuesto a adquirir, entre dos productos iguales, aquella marca cuyo envase fuera menos dañino para el medio ambiente. La mayoría respondió que lo haría aún si ello significara tener que cambiar de marca a la que están acostumbrados. En esas encuestas también se encontró que los consumidores piensan que muchos productos tienen más material de envase del necesario. A pesar de lo subjetivo de las respuestas, señalan la tendencia que están siguiendo los consumidores y las tendencias que deben seguir las autoridades para satisfacer las presiones de los consumidores y de los grupos ambientalistas.

La mayoría de los envases se descartan después del primer uso. Sólo parte de las botellas de vidrio para cerveza y refrescos gaseosos y, desde hace muy poco tiempo, algunos tamaños de botella retornable de PET para refrescos, se utilizan entre 20 y 80 veces antes de ser desechadas. La reutilización de botellas de vidrio para leche es mínima; sólo algunos países, como Inglaterra, conservan ésta práctica.

Aparentemente los envases reutilizables son muy eficientes en cuanto a ser "amigables" hacia el medio ambiente, por el ahorro de materias primas y de energía primaria de producción que se logra cada vez que son reutilizados. Sin embargo, hay que tomar en cuenta los costos de retorno (incluyendo almacenamiento y transporte), lavado y esterilizado en que se incurre en cada vuelta que da el envase.

La decisión de promover o no determinado tipo de envase no debe basarse exclusivamente en la retornabilidad del mismo o en la reciclabilidad de sus materiales, pues se estaría dejando fuera una gran parte de los efectos ambientales que puede tener un envase. Para poder tomar decisiones objetivas es necesario realizar estudios que incluyan todas las etapas de la vida del conjunto producto/envase, empezando por la extracción de las materias primas naturales y terminando con la etapa de disposición final. El estudio debe determinar el impacto sobre la calidad del aire, el agua y el suelo, así como incluir una auditoría de los balances de consumo y recuperación de energía primaria y de recursos naturales.


CICLO DE VIDA DE UN ENVASE

Desde el punto de vista de la protección ambiental, puede definirse un envase apropiado como un recipiente que sea factible reutilizar o reprocesar, y cuyas componentes sean tan sencillas como sea viable, con el fin de que se facilite su reciclaje. Además, es conveniente que el envase tenga un tamaño y una forma estandarizados, para que se simplifique su manejo y su reutilización. Los materiales que constituyen el envase deben contener un mínimo de impurezas y deben estar libres, dentro de lo posible, de sustancias dañinas para el medio ambiente. Al final de su vida útil, los residuos o desechos de envases no deben ser causantes de problemas de manejo, procesamiento o disposición final.

Para lograr lo anterior, es necesario analizar todas las etapas de la vida de un envase. En primer lugar, la extracción de minerales y la explotación de otros recursos naturales son generalmente procesos que consumen mucha energía. Igualmente, los procesos de beneficio de estos recursos contribuyen a la destrucción de zonas vírgenes, a la desaparición de especies y, en general, pueden producir daños irreparables en la naturaleza.

Enseguida, la transformación de las materias primas en bienes intermedios para la industria y, en particular, la manufactura y conversión de envases, son procesos intensivos en energía y generadores de contaminantes. Por ejemplo, la producción de electricidad a partir de combustibles fósiles, como aceites pesados, diesel, gas natural o carbón, genera cantidades importantes de gases contaminantes de la atmósfera, como son el SO2, el CO2 y el NOx, los cuales, a su vez, están implicados en problemas ambientales graves, como son la lluvia ácida, el efecto invernadero y la desaparición del ozono de la alta atmósfera.

El transporte, en todas las fases del ciclo de vida, es también un proceso que consume energía y que genera contaminantes. Al final de la cadena de producción, comercialización y uso de los envases, se encuentra el problema de la disposición de los desechos. En los países en desarrollo, prácticamente toda la basura municipal termina en tiraderos a cielo abierto o en rellenos sanitarios, lo cual se traduce en el desperdicio casi total de un recurso potencialmente valioso. Adicionalmente, en los tiraderos se produce gas metano debido a la descomposición de la materia orgánica. El metano es uno de los más importantes "gases de invernadero", que están contribuyendo al calentamiento global y cambio climático. En los confinamientos de basura también se generan lixiviados, que arrastran metales pesados y otros contaminantes que pueden afectar los mantos freáticos y los cuerpos de agua.

LA EXPLOSION DE LAS "ECOETIQUETAS"

Cada día es mayor el deseo de los consumidores de efectuar sus decisiones de compra basándose en las credenciales ambientales de los productos que van a adquirir. Sin embargo, no existe aún una metodología, generalmente aceptada, que permita calificar objetivamente el grado del impacto ambiental causado por un determinado producto y/o su envase.

A pesar de ello, un desarrollo que cada día adquiere mayor importancia, tanto en países industrializados como en desarrollo, es el uso de "ecoetiquetas". Mientras que la mayoría de las acciones relacionadas con la protección del medio ambiente contribuyen al logro de objetivos muy específicos, como la reducción de la cantidad de basura doméstica, o la disminución de la contaminación, el uso de etiquetas ecológicas tiene que ver con multitud de aspectos relacionados con el impacto ambiental, tanto del producto como de su envase.

Los legisladores y los ecologistas sensatos reconocen la necesidad de contar con procedimientos objetivos para la evaluación del impacto ambiental del conjunto producto/envase y esperan promover su desarrollo mediante la introducción de las ecoetiquetas. El objetivo de una ecoetiqueta es orientar a los consumidores hacia decisiones de compra sensatas, desde el punto de vista ambiental. Generalmente, el uso de una ecoetiqueta se le otorga sólo al 30% de los productos de cada categoría, con el fin de establecer claras diferencias entre los bienes más y menos amigables hacia el ambiente. Cabe señalar que los alimentos, las bebidas y los productos farmacéuticos no son objeto de portar una ecoetiqueta, pues todos ellos están sujetos al control sanitario de las autoridades correspondientes.